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Categoría: Maduras

Con la amiga de mi mama

Me llamo Enrique, tengo 21 años y vivo en Ecuador. Mido 1,70, soy blanco, con cabello negro ondulado y ojos café oscuro. Me gusta ir al gimnasio constantemente, por lo que tengo un cuerpo bastante atlético a mi parecer. En general me consideraría alguien atractivo.

Desde que tenía 12 años nació mi deseo por iniciarme en la vida sexual. Sin embargo, mis deseos no eran los de tener relaciones con alguien de mi edad, sino mas bien con mujeres mayores a mí, siendo mi mayor centro de atención las madres de mis amigos, amigas de mi mamá, vecinas, etc. De esta manera, cada vez que me masturbaba o veía películas porno prefería aquellas en las que se presentaban mujeres mayores, o MILFs. Crecí con estos deseos por mujeres mayores hasta que finalmente, 4 años después, logré concretar una de mis fantasías y aquí paso a contarles la historia.

Por aquella época mi mamá trabajaba y me recogía del colegió después del trabajo. Con ella algunas veces iba una amiga de mi mamá que vivía cerca de nosotros. Su nombre era Susana, una rubia, blanca de ojos cafés que pesé a sus 43 años no parecía pasar de los 30. Medía aproximadamente 1,60, tenía unas piernas delgadas, esbeltas por lo que pude ver cuando llevaba falda. Su trasero no era muy grande pero perfectamente redondo, y resaltaba su cintura. Sus pechos si eran grandes y las blusas con botones que solía usar daban siempre rienda suelta a la imaginación. Era una mujer digna de pensar para masturbarse y lo hacía en cada oportunidad que tenía.

Mis conversaciones con Susana eran usualmente las mismas: ¿qué tal el colegio? ¿Tienes novia? Etc., etc. De vez en cuando ella emitía algún comentario sobre mi figura o sobre por qué no tenía novia pero yo los tomaba bastante a la ligera. Eso sumado al hecho de que pese a tener problemas en su matrimonio ella estaba casa no me daban la mas mínima confianza para intentar algo con ella. Pese a esto mis deseos por iniciarme el sexo con aquella mujer que tanto me atraía.
Aquel fin de semana tan esperado mis papas tendrían que asistir a un compromiso fuera de la ciudad y partirían el viernes por la mañana. Le pedí a mi mamá que si podía quedarme yo con su celular ya que en esa época yo no tenía el mío propio, para que me llamaran en cualquier eventualidad; mi verdadero objetivo era obviamente apoderarme de un medio para contactar a Susana. Mis padres partieron ese viernes antes de las 8 a.m. y una hora después yo puse en marcha mi plan. Tomé el celular de mi mamá y busqué el número de Susana para escribirle un mensaje de texto pretendiendo ser mi mamá:

-Hola SCSI ¿cómo estás? Mira mi esposo salió hoy a un compromiso fuera de la ciudad y quería ver si deseas venir a mi casa a tomar café o algo y conversar un rato.

Ella respondió de inmediato como lo esperaba:
-Claro Anita ¡con todo gusto! ¿Te parece si estoy en tu casa a las 5 para poder cambiarme de ropa después del trabajo? Sabes que no me gusta socializar con ropa de trabajo amiga. ¿Quieres que lleve algo?

-Con todo gusto, te espero a las 5 entonces. Y no te preocupes con tu presencia basta.

Aquella última respuesta mía era obviamente la única verdad, su presencia me bastaba. Con la trampa puesta la tarea fácil se había cumplido, ahora llevarme a esa joya de mujer a la cama era el verdadero reto. Preparándome para aquella gran tarde fui al gimnasio y pasé ahí cerca de dos horas por la mañana, regresé a mi casa no sin antes comprar condones en caso de que pudiera cumplir con mi acometido. Al llegar arreglé todo de la mejor manera. Cuando eran casi las 5 me vestí con un jean y una camisa que ayudara a resaltar mis brazos, mi pecho y mi espalda y me puse colonia para estar un poco más listo.

La hora había llegado, eran las 5 y en cuestión de minutos Susana llegaría, yo estaba nervioso como jamás lo había estado antes en mi vida pero emocionado al mismo tiempo. Pasadas las 5:20 el timbre sonó y mi corazón empezó a querer salirse por mi camisa del nerviosismo. Respiré para tranquilizarme y bajé a atender la puerta y cuando la abrí casi se me cae la mandíbula de la impresión. Susana llevaba un pantalón de tela negro pegado que resaltaba sus ya impresionantes piernas. Llevaba una blusa fucsia cuya apertura dejaba ver un brasier del mismo color y sus tetas grandes y muy bien formadas. Su cara perfecta y su rubia melena en cola de caballo la hacían ver aún más joven de lo usual.

-Hola Enri, ¿cómo estás? Me invitó tu mami a tomar el café, ella si está ¿verdad?

-Sí Susana mi mami está arriba ya la llamo, pasa por favor, ¿quieres tomar algo mientras la esperas? – Respondí un poco nervioso.

-Si tienes una copita de vino te la acepto de muy buen gusto.

-Con mucho gusto, siéntate por favor que ya te la traigo.

Decidí que había llegado aquel momento que había esperado por tanto tiempo y que ahora no podía dejar ir. Al regresar con la copa de vino no pude evitar fijarme en los pechos de Susana y en su cruce de piernas tan sensual.
-¿Me das el vino? ¿O tengo que ir a cogerlo yo de donde tú estás? Preguntó ella en tono burlón pues me había quedado en blanco.

-Sí, lo siento, aquí la tienes. - Alcancé a balbucear – Ahora mismo subo a llamar a mi mamá a decirle que la esperas.
Pretendí subir y baje después de un instante para iniciar mi plan de ataque. Tomé yo también una copa de vino y me dispuse a sentarme junto a Susana.
-Mi mamá baja en un rato, parece que se quedó dormida, ¿te puedo hacer compañía mientras la esperas?

-Pero con gusto, ven siéntate a conversar así hablamos un rato de cosas de jóvenes – bromeó ella – Cuéntame, ¿por qué cada vez que te pregunto si tienes novia me dices que no?

Su pregunta tan directa me tomó por sorpresa pero decidí sonar lo más natural posible.

-La verdad nunca me ha llamado la atención ninguna de mis amigas, supongo que no son mi tipo.

-Pero con lo lindo que estás no dudo que tengas muchas admiradoras ¿verdad?

-La verdad no lo sé, como te digo no me llaman la atención mis amigas. Tengo cierta atracción por mujeres mayores a mí.

Estuvimos conversando un rato y empezamos a coger confianza. En un punto puse mi mano encima de su pierna en son de confianza pero pensé que lo iba a tomar a mal, sin embargo lo tomo de la manera más normal posible. Tras un rato de conversa, risas y ciertos roces que yo quizás daba mas importancia de lo que realmente eran, ella empezó a sospechar.

-Oye y seguro que tu mamá va a bajar ¿o que pasó?

-Pero ¿para que quieres que baje? ¿No te estás divirtiendo conmigo?

-Sí está muy bien la conversación créeme pero pensé que tu mamá quería conversar conmigo.

-Quizás no era mi mamá la que quería hablar contigo. – Le contesté y coloqué suavemente mi mano sobre su pierna.

Susana movió la pierna y se sonrojó, aparentemente tenía algo a mi favor.

-¿Y para que querrías tu hablar con una amiga de tu mamá entonces? ¿Tu mamá está aquí por lo menos?

-La verdad es que mi mamá no está, salieron de la ciudad con mi papá y pensé que en ese tiempo podía disfrutar de cierta compañía agradable, ¿y quién mejor que tú?

-Mira Enrique no sé a qué te refieras pero no sé si sea apropiado que nos pongamos en una situación así. Mira que yo estoy casada y tú podrías ser mi hijo.

-¿Qué quieres decir Susana? ¿A qué tipo de situación te refieres? – Le respondí yo un tanto sarcásticamente tomando un aire de coquetería y acercándome más a ella– Y si bien podrías ser mi madre la verdad más parecerías una amiga mía por lo joven y linda que te ves. ¿Y qué tiene que ver que pueda ser tu hijo? ¿No puedo conversar con una mujer mayor a mí que me parece muy atractiva e inteligente?

Susana sonrió levemente ruborizándose antes de contestar con cierto nerviosismo en su voz.

-Ay Enrique tú tan galán y halagador hasta vas a hacer que me crea esas cosas. Dime de verdad, ¿que sucede aquí?

-Si todo lo que te he dicho es verdad, me pareces muy atractiva y muy inteligente. Te ves mucho mejor que chicas de mi edad y tienes un cuerpo de verdadera mujer, suerte la de tu marido de tenerte. Y sobre qué pasa aquí… - No dije nada más y me lancé a besarla en el cuello. Ella se sorprendió y dijo:

-Mira Enrique de verdad tú me pareces muy atractivo y me halaga que pienses así de mí pero tú eres el hijo de mi amiga y yo estoy casada, no podemos hacer esto.

-Nadie tiene por qué enterarse, esto va a quedar entre nosotros. Ni a ti ni a mí nos conviene que nadie sepa y si solo los dos sabemos de esto, nadie tendría por qué enterarse ¿no te parece? Si me dices que no quieres hacerlo lo entiendo.

-No es eso, es solo que….

Sin dejarla terminar de hablar la tome de la cara y la empecé a besar, ella a la vez se acomodó para juntarse a mí y correspondió mi beso entregándome sus labios rojos deliciosos. Nuestras lenguas se cruzaban sin dar tregua y en un arranque de pasión la tome de la cintura y la puse encima mío, de frente, y seguimos besándonos como locos llevados por la pasión, mordiéndonos suavemente los labios de vez en cuando.

-Esto esta tan mal pero tan delicioso, siempre quise devorarte estos labios pero no me atrevía – Dijo Susana con la respiración entrecortada. Aparentemente se había pasado a su lado más lujurioso.

Mientras seguíamos besándonos yo empecé a desabotonar su blusa y se la arranqué para dejar esos pechos con los que soñaba solamente cubiertos por su brasier fucsia. Sin dar más vueltas afloje enseguida su brasier y empecé a sobar esos pechos deliciosos. Los pezones rosados sobre su piel blanca daban un contraste perfecto y cuanto más los tocaba más duros se ponían y más me excitaba. Ella enseguida desabotonó mi camisa quedando ambos torsos desnudos y continuamos besándonos desesperadamente mientras el roce de nuestros cuerpos aumentaba la excitación.

En un punto la tomé del trasero y lo apreté, lo sobé y lo jalé hacía mí para sentirlo mío. Tomándola del trasero y todavía saciando mi hambre de sus labios la levanté, ella me abrazó con sus piernas, y la senté en el sillón. Besé su cuello y sus hombros, empecé a bajar lentamente por sus pechos y me entretuve besando, chupando, pellizcando y devorando esos pechos que tanto me excitaban. Susana se tocaba su conchita por encima del pantalón y eso me excitaba aún más. Tras disfrutar de sus pechos y lamer a más no poder sus pezones parados volví a besarla en la boca mientras con mis manos desabotonaba y bajaba el cierre del pantalón de tela. Susana se puso de pie y yo bajé el pantalón aprovechando para tocar su trasero desnudo y sus piernas firmes que se sentían tan bien como se veían.

Me puse de rodillas y la hice sentar de frente a mí en el sillón, quedando frente a su conchita, separado solamente por sus bragas de color negro con encaje. Sin detenerme la jalé del trasero hacia mí y hundí mi cabeza entre sus piernas. Ni bien me acerqué noté lo caliente y húmeda que estaba esa conchita que yo estaba a punto de comerme. Pegué mis labios a sus bragas y la besé, la lamí comenzando por su clítoris hacia abajo continuando así por un buen momento, la comencé a chupar y disfrutar. Tome su braga por los lados y se la quité deslizándola por sus esbeltas piernas, suaves como toda su piel.

Cuando vi por primera vez esa conchita frente a mí pensé estar soñando. Estaba totalmente depilada, era pequeña y estaba tan húmeda que solo quería comerla toda. Pegué nuevamente mi boca a ese sexo que tanto había deseado todo este tiempo. La comí desesperadamente, mi boca y mi lengua no parecían satisfacerse de ese húmedo placer, mi lengua disfrutaba de su clítoris rosado al igual que mis labios. Susana se retorcía de placer, se cogía los pechos, temblaba de placer y sus gemidos poco a poco fueron convirtiéndose en el compás que marcaba la melodía erótica.

-¡Ay sí Enrique! ¡Así! ¡Que delicia se siente! ¡Nadie jamás me había comido así! Sigue por favor, no pares…
Mientras decía esto me tomó de la cabeza y me pegó aún más a devorar sus labios. Después de unos instantes Susana empezó a moverse de adelante hacia atrás y emitió un grito de placer indicando su primer orgasmo que me excitó aún más. Me separó de su conchita, se pasó los dedos por ellas y se los metió en la boca para saborear sus propios jugos. Levantó su cabeza para mirarme, su mirada estaba llena de placer, excitación y lujuria.

-Ahora es mi turno – dijo ella y acto seguido se arrodilló ante mí.
Desabotonó lentamente mis jeans y los dejó caer al suelo. Al descubrirse mi bóxer era notable el tamaño, 20 cm., de mi pene erecto.

-Además de ser el más joven de mis amantes ahora pareces ser el del pene más grande también – comentó ella con una sonrisa viciosa en la cara.

Comenzó sobando mi paquete por encima del bóxer, lo tocaba, me apretaba los testículos y empezó a masturbarme por encima. Tomó el bóxer con una mano y lo bajó sin pensar, cogió mi pene y se lo metió en la boca sin pensarlo dos veces. Sentirme dentro de su boca casi me mata de placer. Enseguida ella estaba lamiéndolo, chupándolo y metiéndoselo en la boca incansablemente, realmente me estaba devorando el paquete. Con su mano me cogía los testículos y me cogía del trasero para jalarme hacía ella. Yo la tomé de la cabeza y controlaba el ritmo de mis arremetidas dentro de su boca. Jamás imaginé estar en esa boca que tanto había deseado y ahora mi fantasía era una realidad.

Cuando estuve a punto de terminar en su boca la separé de mí, la levanté y la besé para mezclar el sabor de nuestras bocas. Nuestras lenguas se entrecruzaban incansablemente mientras ella me masturbaba lentamente y yo metía mis dedos en su conchita. Nos separamos y me senté en el sillón, ella se puso de frente a mí y empezó a meter mi miembro en su sexo. Yo la tomé de la cintura y la bajé de un solo golpe, ante lo cual ella emitió un grito mezcla de dolor y de placer.
Una vez que se lo hube metido casi todo la volví a subir y bajar tomando lentamente el ritmo sosteniéndola del trasero mientras ella me abrazaba la cabeza con sus manos. Sentir por primera vez penetrar a una mujer fue la experiencia más exquisita e indescriptible que haya sentido, más aún siendo una mujer tan deseada por mí todo este tiempo.

De a poco subimos el ritmo y el entrar y salir de su conchita aumentaba de velocidad conmigo agarrándola bien de su par de nalgas perfectas y ella cogiéndose los pechos, gimiendo de placer, y ambos con la respiración entrecortada. Sentirla desde dentro era una experiencia exquisita, un deleite y verla con su cuerpo perfecto mientras la tocaba entera no tenía punto de comparación. Cuando sentí que estaba por terminar la separé de mí para poder contenerme, la acosté en el mueble y comencé a comerme nuevamente esa conchita con más intensidad que antes. Bastó meter mi lengua en su huequito y tocar su clítoris rosadito con mis dedos para que ella gritara de placer nuevamente sosteniendo mi cabeza con fuerza, tratando de arrancar mis cabellos y soltando más de sus deliciosos líquidos que yo no dejaba escapar y los devoraba con desdén.

-¿Deseas ir a mi cama? – le pregunté yo esperando continuar aquel desenfreno de pasión.

-Claro que lo deseo, deseo que me lleves y que me termines adentro, que me des de tu lechita tierna dentro.

Oírla decir eso me excitó a más no poder así que la levanté la penetré nuevamente y así con sus piernas alrededor mío y mi miembro dentro me la llevé a mi habitación.

En cuanto cruzamos prácticamente la lancé en la cama y me abalancé sobre ella tomándola de las piernas, ella me tomó de la cabeza y empezó a besarme y morder mi lengua y mis labios.

-¡Métemelo por favor! Mételo todo que necesito tu polla tierna.

-A tus órdenes, pero esta vez por atrás.
La tomé de la cintura y la giré para dejar a mi vista ese delicioso trasero. Ella se apoyó en sus rodillas y empezó a tocarse su conchita húmeda y chuparse los dedos para probarla. De igual manera yo me puse detrás de ella y lamí su sexo húmedo por un buen tiempo hasta que ya no resistí más. Puse la punta de de mi miembro a la entrada de su conchita y de una sola embestida la metí toda, haciendo gritar nuevamente a Susana. La cogí de la cintura y empecé a moverla hacia atrás y hacia adelante. El choque de su trasero contra mi pelvis se sentía delicioso. Susana a su vez inclinada hacia adelante estimulaba su clítoris con su mano derecha.

A medida que aceleraba mis embestidas contra la conchita de Susana ella empezó a gemir un poco más fuerte. Nuestras respiraciones entrecortadas llenaban el ambiente y mi pene bañado en sus jugos y los míos entraba y salía cada vez con más facilidad. Estaba disfrutando cada momento de aquel acto sexual con esa mujer. Ella aparentemente también disfrutaba la situación y no dudaba en demostrarlo. Sus gritos, sus gemidos y su respiración lo decían todo.

-¡Sí Enri! ¡Así! ¡Méteme esa cosota tuya! ¡Cógeme más duro por favor! Así esta delicioso…

Oírla hablar así solo me excitaba más así que al no poder más la empecé a coger con toda rapidez de atrás para adelante. Su respiración era más agitada al igual que la mía. Sus gemidos eran ya imparables y la habitación se había llenado de un ambiente sexual incomparable. Sentía que ya me iba a venir por lo que la cogí con todas mis fuerzas.

-Estoy a punto de terminar, ¿puedo hacerlo dentro de ti?

-¡Claro que sí, por favor termíname dentro! ¡Quiero sentir toda tu lechita caliente adentro!

Segundos después de esto ya sentía mi semen viniendo por lo que cogí a Susana por la cintura fuertemente y la pegué a mi pelvis. Enseguida mi semen empezó a brotar y abrirse paso en esa conchita mientras ella se tocaba y sentía como la llenaba de mi leche.

-Que rico así, termíname todo adentro, dame toda tu leche…
Y diciendo esto me cogió los testículos para vaciarlos del todo.
Al terminar totalmente dentro de ella nos acostamos a disfrutar de aquel momento lleno de delicia y placer que acabábamos de tener. No podía creer que me había terminado de tirar a la amiga de mi mamá, a esa mujer inspiración de tantas pajas y que ahora estaba desnuda a lado mío en mi cama.

-Bueno Enri, la verdad tengo que decir que me alegra que no haya sido tu mamá quien me llamó. Gracias por darme el mejor sexo de mi vida mi joven amante – Dijo al tiempo que me mordía un labio y lo jalaba.

-Gracias a ti por haberme dado la mejor experiencia de mi vida y cumplir mi mayor fantasía. Te prometo que jamás diré nada de esto que paso.

-Yo sé que no lo harás. Ahora si no te molesta debería bañarme para no llegar oliendo así a mi casa, te parece si uso el baño?

-Claro que no Susana con gusto. Mira por qué no usas el baño de mi madre que tiene más cosas que podrías usar. El cuarto de mi mamá es la puerta al otro lado de este pasillo.

-¿Y me mandas sola? ¿O es que no quieres bañarte conmigo después de todo lo que hemos hecho? – Dijo al tiempo que me guiñaba el ojo.

-Pues si lo pones así como negarme a bañarme contigo.

Y así se hizo realidad mi fantasía de tener relaciones con una mujer mayor, y al tiempo empezó una relación de amantes con la mejor amiga de mi mamá que llevó a nuevas aventuras, pero eso es otra historia…
Datos del Relato
  • Autor: Enrique
  • Código: 25249
  • Fecha: 09-02-2012
  • Categoría: Maduras
  • Media: 6.27
  • Votos: 51
  • Envios: 4
  • Lecturas: 20203
  • Valoración:
  •  
Comentarios
1 comentarios. Página 1 de 1
invitado
invitado-invitado 15-11-2013 00:48:46

mmm que raro si esa mujer que te tiraste es una de las mejores amigas de tu mama no sabia lo de su viaje, ya que las mejores amigas se cuentan todo, otra cosa como fue que te viniste dentro de ella, pues que no usaste condon?

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