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Ximenita, la piloto de Sabre

Hola. Me llamo Jurgen, soy alemán y tengo 16 años. Desde hace año y medio soy piloto de cuarta línea (Odio ese nombre "De cuarta línea") abordo de un avión de paracaidistas Samaritan de la fuerza aérea. Gracias a ese oficio fue que pude conocer a una niña excepcional y muy dulce que me tiene enamorado desde hace medio año.

Su nombre es Ximenita. Es una piloto de un avión caza F-86F Sabre la base, tiene 14 añitos y medio y una sonrisa chispeante y burbujeante como las gaseosas que le gusta beber. Su carita es redonda y cachetoncita y su comportamiento es muy travieso, alegre y dinámico. Le gusta estar siempre: "Feliz como perdiz". Me enamoró su ternura, su positivismo y. Mejor me dejo de decir mentiras.

Lo que me llamó primero la atención de ella fue ese cuerpecito menudo, curvilíneo y sensual que tiene al bailar salsa, reggaetón y los ritmos que le gustan, cómo se mueve con su faldita menuda enseñando sus piernas y además sus ojos negros que me miran siempre fijamente con inocencia, pero también con picardía.

Su piel canela clara me hace volar, alucinar y soñar todas las noches con ella y mis sueños me averguenzan a veces porque se me vuelven cada vez más explícitos.

Anoche soñé que la tenía desnuda entre mis brazos, pero lo que es mejor fue que hoy mi sueño se hizo realidad. En la madrugada, después del entrenamiento habitual en los simuladores de vuelo y de bailar en la fiesta de pilotos semanal, ella se fue de paseo al balneario de Otuzco, como era habitual, para ducharse en los baños públicos.

Casi siempre Ximenita iba acompañada de su amiga "Correcaminos" y con un oficial de mayor edad para que las cuidara a ambas, pero hoy fue sola. ¡Yo no podía dejar pasar esta oportunidad! Así que en la puerta del aeródromo me ofrecí a acompañarla a Otuzco. Ella se ruborizó, me empujó furiosa y se fue. Me dijo que yo estaba loco, que era un tonto mañoso, depravado y que me odiaba: ¡Eres un baboso, te odio, te odio! ¡Uuuy! ¡Cochino! ¡Eres insoportable! Nos peleamos y se fue corriendo. Abordó el bus oficial de la base y se fue al balnerio. Yo tomé un taxi y la seguí. Eran las doce y media de la noche. Y yo me ponía cada vez más cachondo de solo pensar.

A los cinco minutos llegué al balneario que a esa hora era muy poco frecuentado por la gente, ya que algunos de los pilotos de la base aérea rentaban el lugar como baño público y lugar de alojamiento nocturno. En el séptimo baño de mujeres del cuarto nivel del centro se oía ruido y la voz de una niña que cantaba, así que ingresé, con temor, pensando que estaría lleno. Más vi allí a una figura pequeña y sensual. Una figura que me cautivaba. Era Ximenita, mi traviesa Ximenita que bailaba al son de una canción de Shakira, mientras se duchaba completamente desnuda y jugaba con la manguera de la ducha como si fuera un micrófono.

La puerta de metal del baño crujió y me imagino que ella me sintió entrar, porque me vio de reojo y se hizo la que no pasaba nada. Yo me metí rápidamente a uno de los compartimientos con inodoros como si fuera a hacer mis necesidades y a la velocidad de un rayo me despojé de mis zapatillas, mi pantalón, mi polo, y la ropa interior. Quedé desnudo y salí corriendo de allí para lanzarme sobre Ximenita.

La abracé fuerte por detrás y ella gritó ¡Ay, socorro! ¡Policía! ¡Quieren abusar de mi! Y la pobre se puso a forcejear y a llorar. Al principio. Luego me dijo, todavía sin verme: ¡Lárgate mañoso o te mato! Y al ver que no la soltaría por nada, me dio un puntapié en la canilla tan fuerte que me hizo ver estrellas. ¡Au! ¡Oye! Después, no sé cómo, alcanzó a darme un codazo y aprovechando que la tuve que soltar, me mordió un brazo con fuerza. ¡Aau! ¡Ya para! ¡No, idiota! me contestó. Aun no me había visto la cara.

Yo siempre supe que ella era una chiquita muy fuerte, que era cinta negra en artes marciales y que sabía defenderse, pero no pensé que fuera tan "salvaje". Bueno, tal vez por eso me enamoré de ella, porque no se dejaba tratar mal. Al poco rato se soltó y volteando hacia mi me dió un puñetazo en el ojo izquierdo y una patada a las costillas tipo karate.

Tamaña golpiza me tiró al suelo, aunque luego ella volvió a llorar: ¡Oh no! ¡Oh my God!¡Tú! ¡Pobrecito! ¡Bua! Perdóname, perdóname, pero espera. ¿Qué hacías acá? ¿Me espiabas? Ya no importa, te atenderé. Ay no, me siento culpable ¡Por qué a mi! Yo no podía hablar. Me dolían las costillas y el ojo.

Luego se ruborizó y me abrazó. Se sentó encima de mi y me dijo: ¿Así que te gusto? ¿Quieres jugar conmigo? Yo susurrando le dije que si. Mi pene creció rápidamente de tamaño al ver a esa figurita esbelta, desnuda y de piel suave, carita redonda, cabello castaño y peinado a lo Winnie Cooper, sentada masajeando mi cuerpo sobre mi barriga y quitándome los dolores con sus pequeñitas manos. Ella me empezó a chupar mi verga como una profesional y la hizo crecer hasta los 13 centímetros. Primero me lamía la cabecita con timidez, pero luego se empujó mi glande y toda la trola hasta el fondo de su garganta.

Yo no pensé que ella pudiera tragar tan bien, pero lo hizo. Los helados de crema que comía conmigo cuando salíamos a pasear le habían servido de muy buen entrenamiento. ¡Oh! ¡Ooh! Cómo chupaba. Tosía, pero chupaba. Entre arcadas y ganas de vomitar, pero no dejaba de comer pinga, porque le encantaba. Yo también tenía muchas ganas de hacer esto, me decía. Y volvía a lamerme el pene.

Su boquita cálida de labios pre adolescentes y lengua húmeda me hacía tener ganas de venirme, pero pensaba en cosas feas y me aguantaba para poder luego gozar su virginal y menudo coño que tenía que estrenar. Mis manos se detuvieron en sus tetitas adolescentes y comencé a acariciar sus pezones y a pellizcarlos. ¡Hey! ¡No seas tosco! ¡No pellizques! Me dijo, así que solamente me limité a chupar y acariciar. ¡Ah! ¡ayy! ¡Qué rico! ¡Mmm! Gemía mi niña.

Luego se trepó y puso la entrada de su coño estrecho encima de mi rostro. Lámeme la cosita, me dijo, riéndose. Yo le abrí un poco los labios de su vulva y le lamí el conejo afeitado que tiene y su clítoris. Ella se estremeció y orinó de tanto placer, claro que me mojó con su flujo, aunque me puso más excitado. No me pareció para nada asqueroso. Luego le apretaba las nalguitas mientras ella suspiraba pidiéndome más.

Después la tomé con mis manos y la senté sobre mi pinga. Ella me dijo que era virgen y que esa era su primera vez, por lo que tuve mucho cuidado al metérsela a la vagina. La primera empujada le dolió por la fuerza de mi verga chocando contra su himen, que se perforó con la intensidad de la introducción. Sangró de esa parte, por lo que ella lloró temblando y gritando de miedo, pero le sequé las lágrimas diciéndole que era normal y que no debía moverse bruscamente. Al poco rato el dolor se volvió placer y a ella le gustaba tanto que la penetre que me montaba como si fuera un potro.

Ella giró de posiciones encima de mi, sudando, gimiendo, riéndose, haciendo las travesuras que le gustaban hacer e incluso cantando, hasta que me vine todo dentro de su mojado y rugoso coñito de niña que se contraía y expandía con fuerza. Espero solamente no haberla metido en apuros, pues me vine todo dentro de ella y no llevaba preservativo. Ximenita sintió el calor de mi semen dentro de ella y se abrazó fuerte de mi. Luego cayó rendida sobre mi cuerpo.
Datos del Relato
  • Autor: Lotveit
  • Código: 24852
  • Fecha: 20-11-2011
  • Categoría: Primera Vez
  • Media: 6.29
  • Votos: 41
  • Envios: 0
  • Lecturas: 1993
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